MATERIALES



El Cántico Espiritual

LAS CANCIONES DE AMOR DE SAN JUAN DE LA CRUZ

INTRODUCCIÓN

El Cántico Espiritual (o las Canciones entre el alma y el Esposo, tal como Juan de la Cruz intituló este poema), es considerado, dentro del ámbito de la literatura española, como el más elevado y el más hermoso poema de amor. Y es que no hay amor que pueda compararse al que Dios tiene y manifiesta hacia el hombre. Juan de la Cruz hizo esta experiencia que no pudo callar. Desde su condición de poeta, quiso cantar ese AMOR, plasmándolo en estos versos que narran la más maravillosa historia de amor. Cuando le solicitaron al Santo la explicación de estos versos, antes de iniciar el comentario él escribió: “Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo, ni mi intento será tal, ... porque los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu...” (CB prólogo n. 2)

En estas palabras de Juan de la Cruz radica el objetivo inicial de este libro. Y este ha sido el intento o la pretensión de la Hna. Claudia de Jesús, del Carmelo de Vilsbiburg, cuando ha realizado e ideado estas vidrieras: desde su experiencia de Dios y su comprensión del camino espiritual ofrecer una lectura gráfica, sencilla y profunda de la gran aventura del hombre que busca a Dios y se deja transformar por Él. Aquí descubrimos, además, otro de los objetivos de este libro: no agotar el profundo significado de la gran historia de amor entre el hombre y Dios, sino dejar que las “Canciones” y las vidrieras que las reinterpretan hablen por sí mismas al lector. Por eso la mejor actitud para “maravillarse” ante estas dos obras de la poesía y del arte, es dejarse atrapar en su belleza para saborear personalmente el misterio del amor de Dios. A pesar de esta convicción, queremos ofrecer unas pautas que nos pueden ayudar a comprender el poema del Cántico Espiritual y las vidrieras.

En primer lugar queremos llamar la atención sobre algunos elementos de las vidrieras que nos ayudarán a descubrir mejor su contenido, y al mismo tiempo nos darán las pautas de lectura desde el poema sanjuanista.
•Nótese en primer lugar la forma de las vidrieras: todas son redondas. El círculo externo simboliza en sí mismo la perfección. No hay ni ángulos, ni lados, y todos sus puntos son equidistantes. Ese es el espacio en el que el hombre se mueve aún sin saberlo. Es el espacio de Dios, de la Trinidad.
•El círculo está dividido vertical y horizontalmente por dos líneas que se cruzan formando una cruz. Representa el misterio de Cristo, mediador absoluto entre Dios y el Hombre. Lugar teológico donde se manifiesta y revela lo que es Dios: AMOR.
•Junto a la cruz y en el centro de todas las vidrieras aparece la figura estilizada del hombre. Un hombre que ha tomado conciencia de que el sentido de su vida lo descubrirá sólo abriéndose al Espíritu. Por eso aparece en esa actitud de brazos abiertos hacia la luz, que casi con forma de paloma se encuentra sobre su ser y representa al Espíritu Santo.
Estos son los principales elementos a destacar en las vidrieras y que veremos se convierten en los protagonistas. Otros elementos, como los colores y los cambios progresivos entre una vidriera y otra, los iremos subrayando al compás de la lectura que de cada una haremos desde el Cántico Espiritual.

Juan de la Cruz, como poeta enamorado de Dios y como “Doctor místico”, pretende en su obra presentar todo el camino espiritual del hombre “desde que comienza a servir a Dios hasta que llega al último estado de perfección” (CB Argumento n. 1). Ese mismo camino se encuentra presente en las vidrieras.

El punto de partida para que el hombre se lance a la gran aventura del amor de Dios consistirá en la toma de conciencia de quién es él, del sentido o valor de su existencia y de cual es su meta: “Cayendo el alma en la cuenta de lo que está obligada a hacer, viendo que la vida es breve...; concociendo por otra parte, la gran deuda que a Dios debe en haberle criado solamente para sí...” (CB 1, 1). Sólo así, de lo más profundo del hombre, puede surgir el grito: “¿Adónde te escondiste, Amado?” (vidriera 1). El hombre percibe que vive en la oscuridad y que desde la oscuridad de su fe tiene que iniciar su camino (de ahí el color oscuro que envuelve al hombre en las primeras vidrieras). Dirá Juan de la Cruz: “el alma que le ha de hallar conviénele salir de todas las cosas según la afección y voluntad” (CB 1, 6). Por eso la actitud de apertura que manifiesta el hombre ya desde la primera vidriera. Es más, el hombre se hace consciente de la cercanía de Dios: “grande contento es para el alma entender que nunca Dios falta del alma, aunque esté en pecado mortal, cuánto menos de la que está en gracia.” (CB 1, 8). Caer en la cuenta de esta verdad, es lo que va a mantener al hombre firme en su búsqueda de fe, a pesar de la oscuridad, a pesar de la noche en la que aún vive.

Iniciada la búsqueda de Dios, la gran aventura del amor, el hombre va experimentando que no está sólo, que su vida va cambiando, que cada vez se va conociendo más y mejor a sí mismo. Dios ha tocado su vida y su corazón. Ya no puede dudar de que Dios sea una simple ilusión, pues ha brillado e iluminado su corazón. En la vidriera 2 el hombre clama “por qué, pues has llagado aqueste corazón no le sanaste”. “El que ama ya no posee su corazón, pues lo ha dado al Amado” (CB 9, 2). Se ha dado un cambio cualitativo en el camino. El hombre experimenta que, gracias a que se ha dispuesto a buscar a Dios, el mismo Dios es el que le va guiando en su oscuridad. Juan de la Cruz comienza a hablar de una nueva etapa en la vida espiritual a partir de la canción 6 hasta la 13. “Cuanto más el alma conoce a Dios, tanto más le crece el apetito y pena por verle” (CB 6, 2). Así nos lo reflejan las vidrieras 2 y 3.
En la vidriera 3, los brazos del hombre que busca se cierran en torno a la luz. Comienza a sentirse unido. Y esta unión inicial, le hace descubrir, cómo unido a Dios, su oscuridad se va iluminando. No pierde su personalidad, y su humanidad comienza a ser iluminada de un modo nuevo. Ya no teme a Dios (ni “teme morir cuando ama” [CB 11, 10]), antes le pide “descubre tu presencia”, es decir, “que se la descubra y manifieste de manera que pueda verle en su divino ser y hermosura” (CB 11, 4), porque “la salud del alma es el amor” (CB 11, 11).

En la canción 13 habla por primera vez el Esposo al alma, y con las palabras “Vuélvete paloma” la introduce en la vida mística, desposándo al alma consigo. Sobre el desposorio espiritual habla el Santo hasta la canción 21. En la vidriera 4 se representa claramente este salto cualitativo. Dios aparece ahora con un rostro. La relación de amor ya tiene un TÚ, que manifestándose al hombre lo abraza en sí y transforma, haciéndole caer en la cuenta que Dios le ama de un modo muy personal. Un desposorio que se realiza sobre el signo de la cruz, siempre presente: “se denota un alto estado y unión de amor, en que, después de mucho ejercicio espiritual, suele Dios poner al alma, al cual llaman desposorio espiritual con el Verbo, Hijo de Dios” (CB 14-15, 2). La luz va ganando espacio a la oscuridad, de tal modo que el hombre “halla verdadero sosiego y luz divina, y gusta altamente de la sabiduría de Dios, que en la armonía de las criaturas y hechos de Dios relucen” (CB 14-15, 4).

A partir de la canción 22 un nuevo paso se da en el camino espiritual: el Esposo, -que habla aquí nuevamente al alma-, la transforma en su esposa. ¡Es el matrimonio espiritual! “Tanto era el deseo que el Esposo tenía de acabar de libertar y rescatar esta su Esposa de las manos de la sensualidad y del demonio, que, ya que lo ha hecho, de la manera que el buen Pastor se goza con la oveja sobre sus hombros, que había perdido y buscado por muchos rodeos (Lc 15, 5)..., así este amoroso Pastor y Esposo del alma es admirable cosa de ver el placer que tiene y gozo de ver al alma ya así ganada y perfeccionad, puesta en sus hombros y asida con sus manos en esta deseada junta y unión” (CB 22, 1). Esta realidad la encontramos plasmada en la vidriera 5 donde se lee “sobre los dulces brazos del Amado”. A partir de ahora se va a ir consumando este matrimonio hasta la plenitud: “porque es una transformación total en el Amado, en que se entregan ambas las partes por total posesión de la una a la otra, con cierta consumación de unión de amor, en que está el alma hecha divinaa y Dios por participación, cuanto se puede en esta vida” (CB 22, 3). Esa “divinización” del hombre va a ser decisiva. Por un lado, ha alcanzado ya la auténtica libertad sobre sí mismo y sobre el mundo, y por otro lado, no se conforma con haber llegado hasta aquí. Quiere seguir avanzando y adentrándose cada vez más en ese Amor que ha colmado de plenitud y de sentido su vida y su existencia.

Las vidrieras 6, 7 y 8, nos están indicando cómo este camino continúa, cómo el amor va transformando toda la realidad del hombre y la va colmando de luz, hasta que finalmente se “confunden” en la luminosidad el Amado con el hombre.

La vidriera 6 es la respuesta del hombre a ese inmenso amor que el Amado le ha manifestado, y por eso dice: “allí le prometí de ser su esposa” (CB 27), es decir, ella está “toda dada a Dios, así como Dios se ha dado libremente a ella” (CB 27, 6). “El alma que ha llegado a este estado..., no sabe otra cosa sino amar..., pues cuanto un alma más ama, tanto es más perfecta en aquello que ama, de aquí es que esta alma, que ya está perfecta, todo es amor, si así se puede decir, y todas sus acciones son amor, y todas sus potencial y caudal de su alma emplea en amar...” (CB 27, 8).

La vidriera 7 prosigue en esta transformación de amor. Y una vez más es el Esposo el que habla, alabando “la soledad en que antes el alma quiso vivir, diciéndo como fue medio para en ella hallar y gozar a su Amado”, y por eso dice “en soledad de amor herido” (CB 35, 2). Es como si pretendiera recordar todo el camino recorrido, subrayando el gran esfuerzo que tuvo que hacer el alma para alcanzar su objetivo. Pero no hay obra, que por Dios se haga, que no venga recompensada. A pesar de las dificultades del camino, ha merecido la pena el esfuerzo.

La vidriera 8 es toda ella un haz de luz y de fuego de mor. Toda la oscuridad que envolvía al hombre ha desaparecido. Pero el hombre mantiene su identidad y la cruz sigue estando presente: “¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de Dios, si no es entrando en la espesura del padecer...! ... Porque, para entrar en estas riquezas de su sabiduría, la puerta es la cruz, que es angosta” (CB 36, 13). En la vidriera se lee “a vista de las aguas descendía” (CB 40). Es el último verso de las canciones. Pero el camino no acaba aquí. Ya desde la canción 36, Juan de la Cruz nos da a entender que, esta maravillosa transformación y unión con Dios que ha alcanzado el hombre, no es del todo definitiva. Sí, se ha llegado al grado más alto que se puede alcanzar en la vida terrena. Pero el amor aspira a más, desea la consumación total, que sólo será posible cuando las limitaciones del tiempo y del espacio hayan sido superadas, es decir, cuando llegue la muerte. Ésta deja de ser una realidad negativa para convertirse en algo deseado y amado: “Sólo le queda una cosa que desear, que es gozarle perfectamente en la vida eterna. Y así... se emplea en pedir al Amado este beatífico pasto en manifiesta visión de Dios (CB 36, 2).

En definitiva, es el amor el que está pidiendo el desenlace definitivo: “Esta pretensión del alma es la igualdad de amor con Dios,..., porque el amante no puede estr satisfecho si no siente que ama cuanto es amado. Y como el alma ve que, con la transformación que tiene en Dios en esta vida, aunque es inmenso el amor, no puede llegar a igualar con perfección de amor con que de Dios es amada, desea la clara transformación de gloria en que llegará a igualar con el dicho de amor.” (CB 38, 3). Esta “igualdad de amor” es cuanto nos refleja el mosaico y cuanto el Santo anhela en su poema Llama de Amor viva.
Aquí los dos amantes “son iguales”. No hay distinción en el amor, aunque cada uno mantiene su identidad. El hombre se ha despojado de todo aquello que limitaba su capacidad infinita de amar. Y la cruz, como signo de mediación, desaparece también. Ya no hay huella de sufrimiento y no hay mediación. El hombre contempla cara a cara la misma Trinidad, en la que vive sumergido y transformado en fuego de amor: “Este aspirar del aire es una habilidad que el alma dice que le dará Dios allí en la comunicación del Espíritu Santo; el cual, a manera de aspirar, con aquella su aspiración divina muy subidamente levanta el alma y la informa y habilita para que ella aspire en Dios la misma aspiración de amor que el Padre aspira en el Hijo y el Hijo en el Padre, que es el mismo Espíritu Santo que a ella la aspira en el Padre y el Hijo en la dicha transformación, para unirla consigo. Porque no sería verdadera y total transformación si no se transformase el alma en las tres personas de la Santísima Trinidad en revelado y manifiesto grado”(CB 39, 3).

El camino ha llegado a su meta. Y no se trata sólo del camino de un místico o de algunas personas privilegiadas. Esta es la meta a la que todo hijo de Dios ha sido llamado. Juan de la Cruz no se cansa de repetirlo: “Porque esto es estar transformada en las tres Personas en potencia y sabiduría y amor, y en esto es semejante el alma a Dios, y para que pudiese venir a esto la crió a su imagen y semajanza (Gn. 1, 26)” (CB 39, 4). Se trata, en definitiva, de que el hombre realice el fin para el cual ha sido creado, su vocación más íntima y elevada, inscrita en su ser. Ahí radica, además, la dignidad de los Hijos de Dios: “Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo; por tanto sólo Dios es digno de él” (Av 1, 35)

Las vidrieras han sido elaborads por la Carmelita Descalza, Hna. Claudia Krämer, del Carmelo de San José en Vilsbiburg, Alemania. El libro se puede adquirir directamente en el convento o en la librería del CITeS.

fotos vidrieras
Anterior documento      Siguiente documento
CITeS
Apdo. 139 - 05080 ÁVILA - ESPAÑA
Telf. +34 920 35 22 40 – Fax: +34 920 25 16 94 – info@citesavila.org

> Subscribe to our
mailing list


> Make Home Page
> Add to favorites
> Invitation to visit us


info@citesavila.org menosdiez.com